Despierten: sólo falta atentar contra el sexto sentido

Abril 26, 2008 at 2:14 am (Uncategorized)

Bienvenido a la ciudad, en tu estadía vas a disfrutar de: gritos, música en los oídos, miles y miles de voces hablando al mismo tiempo, grandes cantidades de imágenes, pero ninguna del todo clara y, mucho aire con gusto a humo.

El ritmo apresurado de la vida, las idas y vueltas, los tiempos que nunca alcanzan para vivir, todo esto impide relajarse, caminar con calma y observar detenidamente las calles de la ciudad. Los cuerpos acelerados se cruzan, sin siquiera chocar miradas; se hacen malabares para esquivar al bulto que se ve venir cargado de bolsas, carteras, agitando el brazo, como para salir volando. Nada de esto es visto como ajeno a la vida diaria. Todo es obvio, o simplemente pasa desapercibido y es justificado, porque ¿Quién no está apurado hoy en día?

En ese devenir propio del ser humano y de vivir en la gran selva de cemento es donde tiene lugar la alteración del espacio físico en el cual se desenvuelven los sujetos sociales (que paradójicamente se comportan como si fueran simples individuos aislados entre sí).

La avenida 44 y 7 de la ciudad de La Plata, a la altura de la Plaza Italia (una de las más transitadas), es el ejemplo más fiel de la falta de conciencia de la gente. Incalculables caños de escape hacen explosión, al mismo tiempo que el señor del Fiat Uno le toca bocina al micro de la línea 214 que, frena en cada parada haciendo chillar las gomas en el asfalto caliente. Mientras, en la esquina del diagonal 77 un edificio enorme está en pleno proceso de crecimiento, alrededor de quince hombres suben y bajan bolsas de cemento (que despiden un polvillo, provocando estornudos en los chicos que van al jardín de la otra cuadra), ladrillos y herramientas a través de un pesado monta cargas, al mismo tiempo que escuchan cumbia en una radio portátil, de la cual el sonido sale sucio y poco entendible. “Según apuntan los especialistas, estas conductas en combinación con la exposición al ruido persistente aumentan en forma considerable las chances de padecer la pérdida auditiva, además de alteraciones del sueño, cefaleas e irritabilidad”  (http://www.sorolls.org/docs/Necesidad_controlar_contaminacion_sonora.htm) Los excesos de sonido que perturban la situación habitual son reconocidos como contaminación auditiva. Esto, como no puede ser de otra manera, implica la posibilidad de lesiones en el organismo de las personas que conviven con ello.

La ciudad de La Plata, es un ejemplo típico de la contaminación sonora provocada por el hombre y su hábito de vivir aceleradamente, inmerso en una sociedad de producción y consumo obligatorio, donde el tiempo vale oro, y todo vale para ahorrarlo. Se conoce hoy que el nivel acústico llega a los 70 decibeles, cuando hace veinte años atrás no superaba los 50, que es el límite aceptable durante el día, mientras que por las noches 40 decibeles es lo que se plantea como deseable. También se sabe que pasados los 90 el sonido dejaría de pasar desapercibido y llegaría a provocar perjuicios tanto físicos como psíquicos para los habitantes de las grandes ciudades. (http://manosquehablan.com.ar/noticias/2006/02/16274.php)

Por un instante hay que dejar de lado lo que se escucha y pasar a lo que se ve. Todo es bueno como estrategia para llegar al público, al individuo como potencial consumidor. Para ello, es necesario que en su cabeza se introduzcan imágenes, colores distintivos y slogan. Las personas están expuestas a la contaminación visual, en la que los factores que entran en juego como estímulos, de los cuales se es imposible escapar. Existe un uso y abuso de elementos que descomponen la estética natural del escenario.

Es habitual ver un sin fin de carteles luminosos y coloridos colgados casi en medio de las calles, afiches pegados en cualquier paredón con buena ubicación a los ojos de los receptores. La publicidad ocupa un gran espacio en el escenario de la vida, así también las propagandas políticas encontraron este método como una eficaz alternativa. Siempre incitando a probar aquello que se ofrece y garantizando la plena felicidad en caso de acceder.

El hombre lleva a cabo una manipulación sobre esto, exagerando con los detalles que resaltan, los tamaños de los carteles, ubicándolos no donde menos molesten, sino donde más se perciban.  Una salvaje sociedad de consumo en cambio permanente que actúa sin conciencia social, ni ambiental es la que avala (o permite) la aparición y sobresaturación de estos contaminantes”  (http://verdeciudadana.blogspot.com/2007/04/contaminacion-visual.html)

Los últimos días, el país entero estuvo conmocionado y atento al gran manto de humo que llenó las calles de una parte importante de la provincia de Buenos Aires. Como consecuencia del incendio desmedido de innumerables hectáreas en la zona del Delta, se cerraron las rutas y autopistas, se produjeron muchos accidentes automovilísticos y hasta costaba respirar.

Ahora bien, en las ciudades de Berisso, La Plata y Ensenada el respirar aire contaminado es moneda corriente. La destilería REPSOL-YPF, ubicada sobre la ruta provincial Nº 10, es decir sobre la conexión entre Berisso y La Plata (zona residencial), a través de antorchas emana, día y noche, gases tóxicos que los habitantes de la zona respiran. Miles fueron las quejas cuando, por ejemplo en una oportunidad, una espesa nube de humo negro apareció cubriendo todo el cielo en la región. (http://terratoxnews.wordpress.com/2008/03/05/bsas-denso-humo-de-destileria-ypf-repsol-la-plata-en-las-narices-del-opds-05-mar-2008/) Lo que sucedió en la provincia como consecuencia del incendio fue una acción desmedida e inconciente, hasta difícil de creer; lo que sucede en Berisso, La Plata y Ensenada pasa a ser una vergüenza.   

 

 

 

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